La encíclica "Laudatio sì", entre las criticas de la tecnología y el apoyo de la teología y la economía

El debate interdisciplinar sobre el texto del Papa Francisco quedó abierto, y deberá ser profundizado en una nueva sesión académica

La encíclica

La encíclica Laudatio sì está excesivamente polarizada a favor de los ecologistas, y culpa a los tecnólogos de los problemas del medio ambiente, según la profesora de ingeniera Yolanda Moratilla Soria. En contraposición, el teólogo y obispo jesuita Juan Antonio Martínez Camino niega que el texto se pronuncie contra el progreso y lo que denuncia con cierta dureza es el paradigma tecnocrático. Por su parte, el economista Fernando Becker Zuazua, opina que la encíclica es un texto matizado y serio que censura el antropocentrismo desmesurado. Los tres miembros de la Real Academia de Doctores de España (RADE) intervinieron en la mesa redonda “Cuidar la tierra, misión de todos. La encíclica Laudatio sì del Papa Francisco: un acercamiento interdisciplinar”, organizada por la corporación.

En el inicio de la sesión, que presidió el titular de la RADE, Jesús Álvarez Fernández-Represa, acompañado del presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Juan Velarde Fuertes, el doctor y teólogo Martín Gelabert Ballester, que actuó como moderador, resaltó que “la encíclica del Papa no es solo un asunto teológico. De eso fue bien consciente la sección de Teología de esta academia cuando propuso esta acercamiento interdisciplinar”.

El doctor Martínez Camino señaló que “la teología implica una ecología. Y a la inversa, la preocupación ecológica pone a la razón ante la cuestión de Dios. Aquí se encuentra la clave del magisterio papal sobre esta materia y, al mismo tiempo, el motivo inconfesado del malestar o del rechazo que algunos experimentan ante él”. Lo que el Papa Francisco denuncia, continuó, “es que el responsable principal de lo que está pasando con la Tierra y la humanidad es precisamente el ser humano que se ha apartado del Creador y se ha puesto a sí mismo en el centro de todo, haciéndose autorreferencial. Por el contrario, la fe en el Dios del Génesis nos funda en la humildad, en la gratuidad y en el cuidado de su hermosa creación. En el fondo de la crisis ecológica se halla el ídolo llamado progreso, que, como todo ídolo, es hechura de manos humanas y se muestra, como todos los falsos dioses, sediento de sangre y dispensador de muerte”.

“La antropología moderna antropocéntrica debe ser revisada”, aseguró el ponente, basándose en la encíclica. “La naturaleza no es un mero objeto sometido al supuesto poder omnímodo del sujeto y de su ‘arte’, es decir, de la ciencia y de la técnica. En esta visión dualista del mundo que contrapone, por un lado, a la naturaleza y, por otro, al ser humano, se halla la raíz de los graves problemas del ambiente. Esto supone entender al ser humano como una especie de señor absoluto del mundo”, añadió.

La dignidad humana por encima de la técnica

Negó Martínez Camino que el Papa se pronuncie contra el progreso; más bien lo alaba. “Lo que Laudatio sì critica con cierta dureza es el paradigma tecnocrático, que hace descarrillar el progreso humano de los pueblos”, y pone por encima de todo la aplicación de las conquistas de la técnica y el disfrute del poder que le va aparejado. De ahí resulta, destacó, “un desarrollo no acorde con las verdaderas necesidades del hombre ni con la equidad entre los seres humanos y los pueblos. Por encima de la técnica y del poder están la dignidad humana y el bien común. En definitiva, la técnica y el poder necesitan ser orientados por el bien, la verdad y la belleza”.

El Papa urge, concluyó Martínez Camino, un cambio de paradigma que no excluye soluciones parciales, como puede ser la llamada tasa del carbono, pero va más allá en búsqueda de una ecología integral, “de un abordaje económico y político del problema basado en una antropología diversa de la dominante”. La propuesta de Francisco es “avanzar hacia una antropología no encerrada en la voluntad irracional de poder, sino abierta a los amplios horizontes del Creador y de su obra maravillosa”. Quienes no están dispuestos a revisar el antropocentrismo desviado que se halla en la base de la crisis actual de la humanidad, se excusan también con argumentos técnicos y científicos, señaló el ponente, “pero es la teología lo que duele, no tanto la ecología. Porque la cuestión ecológica nos pone a todos de modo nuevo ante la cuestión de Dios y de la naturaleza, no ciertamente como diosa, sino como creación portadora de un lenguaje divino de sentido”.

Antropocentrismo desmesurado

Para el doctor Becker Zuazua, las interpretaciones que se han hecho de esta encíclica son superficiales y carentes de todo sentido, porque se aboga por los tópicos”, como el de tacharla de anticapitalista. Por el contrario, le parece un texto tremendamente matizado y serio.

Respecto al cambio climático producido por las emisiones de CO2, señaló que el Papa insiste en que, aunque no existiera certeza científica sobre este efecto, debemos ser sensibles y tomar medidas para prevenir sus consecuencias. A la pregunta de si el planeta es sostenible con una población que llegará a los 11.200 millones de habitantes en 2100, respondió negativamente, por lo que habrá que hacer concentraciones humanas más eficientes y enfrentarse al reto de respetar el entorno con un urbanismo desmesurado.

Siguiendo la estela de la encíclica, apuntó que la familia es la clave del sostenimiento a futuro de la sociedad, y que habrá que recuperar la ética en las relaciones, la dignidad de las personas y buscar el bien común. El antropocentrismo desmesurado lo censura el Papa, dijo, “porque el hombre tiene que relacionarse con el conjunto de los seres vivos y con la tierra, y debe respetar la creación del don que ha recibido, y no considerarse el rey de la creación. Es un error que el ser humano se considere el rey del universo. En hombre es un bien de Dios, y debe respetar el resto de la creación, debe ser colaborador de Dios en la obra de la creación y no suplantarlo”.

Cree Becker Zuazua que Laudatio sì es una llamada de atención sobre el papel de la economía de mercado, que para el Papa es un sistema de asignación de recursos al que hay que poner límites. Nuestro deber moral, agregó, es cómo gestionar esos recursos desde una visión y una ética católica y responsable para explotar y aprovechar lo que nos ha sido dado, como en la parábola de los talentos, Abogó por retraer del crecimiento económico los costes de los efectos no deseados sobre el medio ambiente, de acuerdo con el Nobel de Economía Paul Samuelson. Y, sobre la intervención del sector público para evitar los efectos negativos del crecimiento, aludió a Ronald Coase y a Arthur Cecil Pigou, para concluir que la actuación del Estado está justificada porque el mercado siempre va a tener fallos, y una legislación adecuada y los tribunales deben ser los que resuelvan los problemas que surjan con el derecho de propiedad.

La tecnocracia, culpable

Tras declarar sus problemas de conciencia como católica y profesora de una universidad de la Iglesia (Comillas ICAI-ICADE), y que no se siente obligada a seguir lo que dice la encíclica en los aspectos técnicos, la doctora Yolanda Moratilla Soria, criticó, desde la libertad académica que la propia encíclica resalta, no al Papa, sino a los expertos que le han asesorado.

Laudatio sì llama la atención sobre problemas diversos, afirmó, como que el elevado crecimiento tecnológico de los últimos siglos ha ido acompañado de pérdida de valores, que se han despilfarrado recursos como si fuesen infinitos, y que el avance técnico no equivale necesariamente al de la humanidad. Al buscar culpables de esa situación, la encíclica señala la tecnocracia o tecnología, dijo, porque genera un poder que se alía con la economía para buscar rentabilidad a corto plazo a costa del bien común; porque ha causado los problemas y es incapaz de resolverlos, y porque la inteligencia que logró grandes avances tecnológicos no logra encontrar soluciones actuales.

Cuando se publicó la encíclica, continuó la ponente, muchos ingenieros católicos le propusieron escribir al Papa, porque se sentían señalados como culpables de todo. Según Moratilla Soria, el texto de Francisco adula en exceso a los movimientos ecologistas, sin prestar atención a los esfuerzos de la tecnología en la actualidad, muchas veces criticados por los ecologistas; y se culpa a la tecnología, que se asocia con la bomba atómica o se enfatiza su creciente auge en el nazismo y otros regímenes totalitarios. “Estando de acuerdo con la labor de concienciación de los grupos ecologistas, el Papa se olvida de la entrega de tantos ingenieros católicos que trabajan para solucionar estos problemas, siempre con la idea del bien común”, advirtió Moratilla Soria, quien subrayó paradojas de la encíclica sobre las limitaciones de la tecnología, como la cita del Protocolo de Montreal, considerado un éxito de lucha contra la reducción de la capa de ozono, pero olvida que el desarrollo tecnológico ha permitido llevarlo a la práctica al encontrar nuevos refrigerantes.

Respecto a la energía y los recursos, la ponente sostuvo que la encíclica no ha tenido en cuenta soluciones técnicas para el uso limpio del carbón, que se excluye la energía nuclear de las fuentes alternativas a las fósiles, que estás últimas han de actuar como respaldo de las renovables, que se requiere un fuerte desarrollo tecnológico para implantar las energías alternativas, y que no es posible llegar a un parque de generación totalmente renovable por restricciones técnicas inherentes a sus principios de generación.

La encíclica, en opinión de la ponente, “es muy polarizada en lo tecnológico: los ecologistas siempre tienen razón, se han esforzado por hacer las cosas bien; los ingenieros (tecnólogos) somos malos, solo buscamos soluciones parciales y cortoplacistas para dominar y explotar al hombre y al medio natural. Hay una desconfianza ciega en que la tecnología sea capaz de resolver los problemas técnicos. Se concibe al ingeniero como alguien con estrechez de miras incapaz de percibir las relaciones entre variables en sistemas complejos: justo al contrario. Y se proponen soluciones ‘infantiles’ al problema: comunidades aborígenes, limitar el consumo de unos para que otros puedan consumir y contaminar, generación ciento por ciento renovable; y se desconocen nuevas tecnologías energéticas: nuclear, captación y almacenamiento de CO2, hidrógeno, etc.” La historia ha demostrado que la ingeniería es capaz de cometer grandes errores, pero también de aportar soluciones para resolverlos, aseveró la doctora Moratilla Soria, para concluir que “es preciso una reconciliación entre la ingeniería y la fe”.

Rechazó Martínez Camino la exposición de la interviniente, con la lectura del párrafo 102 de la encíclica, en el que se muestra alegría por los avances logrados por el poderío tecnológico, porque “la ciencia y la tecnología son un maravilloso producto de la creatividad humana donada por Dios”, y se destaca que “la tecnología ha remediado innumerables males que dañaban y limitaban al ser humano. No podemos dejar de valorar y de agradecer el progreso técnico, especialmente en la medicina, la ingeniería y las comunicaciones. ¿Y cómo no reconocer todos los esfuerzos de muchos científicos y técnicos, que han aportado alternativas para un desarrollo sostenible?”

Pero el coloquio no pudo pasar de aquí, como deseaba gran parte de los asistentes, al haberse agotado el tiempo de la sesión; por lo que el debate entre los miembros de la mesa y de estos con el público deberá esperar a una futura convocatoria.